martes, 26 de mayo de 2009

Rafael Correa, presidente reelecto de Ecuador


Por primera vez en la historia de Ecuador, un presidente fue elegido en primera vuelta. Rafael Correa ratificó su triunfo con el 51,78% de los votos. Lejos, en segundo lugar, llegó el ex presidente destituido Lucio Gutiérrez con el 28,48%. Tercero fue el magnate bananero Álvaro Noboa, con el 11,35% y en cuarto lugar, la ex asambleísta Martha Roldós, con un 4,34%.


En estas elecciones pudieron sufragar -de manera voluntaria- los jóvenes de entre 16 y 18 años, los internos en las cárceles, los miembros de la fuerza pública, los migrantes ecuatorianos y los extranjeros residentes.



Cuando se había escrutado el 89,70% de los votos, Rafael Correa obtenía el 51,78% de los votos, equivalente a 3 millones 214 mil 876 sufragios. En segundo lugar y a más de 23 puntos de distancia, se ubicó el ex presidente Lucio Gutiérrez. Pese a su inmensa fortuna, utilizada generosamente para ganar adeptos en los medios de prensa, Álvaro Noboa obtuvo el 11,35%. Y la candidata opuesta por la izquierda a Correa recibió el 4,34% de los votos.



A la amplia ventaja obtenida por Correa y el Movimiento País (Patria Altiva y Soberana), debe sumarse en el Congreso entre siete y diez asambleístas de otras diferentes expresiones de izquierda y centro izquierda, que con una postura propia contribuirían a apoyar el proyecto de transformación. Los últimos datos del Consejo Nacional Electoral indican que el Movimiento País alcanzaría además el 40% de los gobiernos locales, prefecturas y municipalidades.



Ni bien se confirmó su reelección, Correa subrayó que los cambios se profundizarán y el proceso se radicalizará. Con su quinta victoria electoral consecutiva, se reafirma el socialismo del siglo XXI y se avizoran políticas públicas que concreten el paradigma del buen vivir plasmado en la nueva Constitución, así como el impulso a la economía popular y solidaria de los pequeños actores económicos excluidos de los circuitos de la globalización, y un fuerte impulso a la integración latinoamericana, para construir la Patria Grande.





Fiscina César

lunes, 25 de mayo de 2009

¿Conoce a Davison Budhoo?

Durante los periodos presidenciales de Ronald Reagan en Estados Unidos, y Margaret Thatcher en Inglaterra, las ideas relativas al manejo económico por parte de las grandes potencias cambiaron. Un ejemplo de esta nueva conducta fue la transformación que sufrió el Fondo Monetario Internacional

En esa época, una gran cantidad de egresados de la Escuela de Chicago pasaron a formar parte del staff del organismo. La prestigiosa institución americana era conocida por su fuerte promoción de los mecanismos y criterios de libre mercado. Por ello, a los hombres de negocios les resultaban muy agradables los estudios y teorías que allí se realizaban. Un número no muy alto de empresarios se concentraron en apoyar a la universidad. Eran pocos, pero muy poderosos y ricos.

El testimonio de Davison Budhoo, economista empleado del FMI que trabajó 12 años diseñando programas de ajuste estructural, es uno de los más completos y extensos sobre los métodos que se utilizaron para condenar a economías que se resistían al capital internacional y la voluntad de los bancos (ver la carta abierta que escribió en repudio a las actividades del organismo).

El arrepentido explicó que el organismo internacional exageró cifras sobre Trinidad y Tobago con el fin de dar la apariencia de que la economía era menos estable. Según lo explica Naomi Klein en su libro La doctrina del Shock, “el organismo había aumentado (hasta más del doble) la magnitud de una estadística fundamental que medía los costes laborales en el país para que éste pareciera tener un nivel de productividad pésimo. También se inventaron de la nada unas supuestas y cuantitosas deudas pendientes del Estado Caribeño”.

El FMI estaba castigando y disciplinando para transformar la economía. Según la autora canadiense el proceso de desorientación que utilizó el organismo internacional se basa en la idea de que sólo una crisis real o percibida y el shock que genera permite realizar cambios que de otra forma no se producirían. Klein profundiza estos conceptos en su libro (avance en youtube).



La respuesta de los mercados financieros fue la esperada: se suspendieron los flujos de capitales que recibía el país. No pasó mucho tiempo hasta que se hizo necesario recurrir al FMI, que obviamente, aprovechó la situación de crisis para incluir como condición al préstamo un paquete de reforma estructural: rebajas salariales, despidos masivos y privatizaciones: todas medidas que favorecían al sector empresarial y financiero extranjero.


Lo paradójico del caso es que no quedaron rastros de las importantes declaraciones del economista Davison Budhoo. Ya nadie recuerda nada de lo sucedido. La periodista Naomi Klein formula la cuestión de manera realista: “Trinidad y Tobago es un conjunto de pequeñas islas situado frente a las costas de Venezuela, y, a menos que su población se traslade en pleno hasta la Calle 19 de Washington para asaltar las oficinas centrales del FMI, lo tiene muy difícil para capturar la atención mundial”.




Navarro Adrían

miércoles, 20 de mayo de 2009

Reflexiones sobre el futuro de la izquierda y América latina

Hoy no es exagerado mencionar que políticas caracterizadas por ser de izquierda no tienen rumbo. De todas formas no quedan dudas de que nos encontramos viviendo un momento bastante especial. Luego de la caída de la primera experiencia socialista del mundo, los distintos ejemplos que alentaron las luchas populares por una tierra mejor en el siglo XX han entrado en crisis.

Esto a su vez no significa que el actual “triunfo” de las empresas privadas, del imperialismo estadounidense en pos del control global, del retroceso en las conquistas sociales para las grandes mayorías de la humanidad, sean eternos o deban serlo. La lucha continúa. Las injusticias siguen, y mientras sea así, siempre habrá alguien que levante una voz de protesta. Ser de izquierda es ser parte de esa lucha, es seguir haciendo parte de los que creen y luchan por otro mundo más justo.

En la presentación del libro Ecce Comu, de Gianni Vattimo, Teresa Oñate y Zubía junto al politólogo Atilio Boron analizaron el futuro de la izquierda y América latina.
El evento se realizó el pasado 9 de mayo a las 18.30hs en la Feria de Libro.



Belén Bordón

lunes, 18 de mayo de 2009

Utilitarismo miope

Gregorio Weinberg fue un historiador argentino dedicado a la historia cultural y sobre todo a la historia general de América Latina. Escribió varios artículos sobre el papel de la educación y la ciencia.

En uno de sus textos publicado como parte de la compilación Historia social de las ciencias en América Latina, el autor investigó el papel que ocupó la ciencia como motor del progreso para las naciones de Latinoamérica.

Weinberg concluyó que el progreso en la región tuvo una forma rara: los excedentes que generó no fueron invertidos con modernos criterios económicos ni productivos, sino que se derrocharon. El proceso se tradujo en consumo caro que generó crecientes desigualdades sociales, y en inversiones que ocasionaron una nueva redistribución espacial de la producción y el empleo (por ejemplo con los ferrocarriles). Con el tiempo, fueron incorporados nuevos valores y pautas a la vida, sin advertir que, en el fondo, los países seguían siendo tradicionales.

Según el autor, la ciencia y técnica se aplicaron para mantener todo como estaba y el progreso fue uno entre otros tantos discursos políticos. Agricultores y ganaderos se beneficiaron pero no alentaron ni gastaron en investigaciones ni estudios. Simplemente no parecían estar interesados en el tema, aunque en otros terrenos presumieron de modernos.

Ciencia y progreso

Durante el periodo de las guerras de independencia surgió la necesidad de una nueva concepción de la ciencia y el progreso. La filosofía del orden fue la indicada para llevar al camino del desarrollo. En este esquema, el positivismo tuvo una influencia decisiva que se objetivó en algunos casos concretos (los técnicos denominados “científicos” en México por ejemplo).

Lo que el autor resalta es que existió un uso ideológico del saber científico para posponer las demandas sociales. Un ejemplo paradigmático es la dictadura de Porfirio Díaz, donde la aplicación de conocimiento técnico provocó la depresión de las condiciones de vida de las masas campesinas y trabajadoras, ademas de la concentración de propiedades.



En la mayoría de los países Latinoamericanos se adoptó la aplicación de la ciencia antes que la propia ciencia. El positivismo neutralizó el desarrollo del conocimiento propio. Según el autor, “se cayó en un utilitarismo miope”.

La revolución industrial coincidió con la decadencia y la fluctuación del papel de las universidades en la región. La ciencia no terminó nunca de articularse con la estructura productiva.

La aplicación de lo científico no siempre implicó desarrollo, en algunos casos sirvió para consolidar un régimen retrogrado, modernizándolo. El progreso no necesitó nada más que el beneficio de determinados sectores. No necesitó igualdad ni libertad, tampoco democracia ni educación. Tan sólo fue un conjunto de sistemas prácticos que generaron beneficio privado.

Navarro Adrián

domingo, 17 de mayo de 2009

Las apariencias engañan


Desde hace años la prensa colombiana ha denunciado casos de “falsos positivos”: situaciones en las que inocentes son asesinados al simular ser guerrilleros. Sin embargo estos escenarios empezaron a llamar la atención desde septiembre del año pasado, cuando se descubrió que cerca de 20 jóvenes que habían desaparecido a comienzos de 2008 en la provincia de Soacha, estaban sepultados cerca de la frontera con Venezuela.
El ejército aseguró que se trataba de guerrilleros abatidos en combate, pero el proceso judicial comenzó luego de que los familiares de los jóvenes aseguraran que éstos no pertenecían a un grupo armado y que desaparecieron después de que una persona les ofreciera trabajo en otro lugar del país.


Las investigaciones de la fiscalía han apuntado desde entonces a la existencia de una red dedicada a reclutar a gente de origen humilde para entregarlos a militares que los ejecutaban para ganar reconocimiento de sus superiores o premios, como días de descanso.
Es fundamental recordar que este episodio provocó la renuncia del entonces comandante del Ejército colombiano, general Mario Montoya, uno de los oficiales más cercanos al presidente Álvaro Uribe y “cerebro” del rescate de Ingrid Betancourt y tres estadounidenses, el pasado 2 de julio.



De todas formas, los casos continuaron y el último en llegar a los medios fue la ejecución de Fair Leonardo Porras Bernal, un joven analfabeto y con problemas de sicomotricidad, derivados de una meningitis que lo afectó de niño.
El joven quién vivía en Bogotá fue llevado hasta una zona de conflicto del noreste del país donde los uniformados habían decidido vestirlo de camuflado y asesinarlo, sin olvidar "adornarlo" con un arma de fuego.
Los militares: dos oficiales, un suboficial y tres soldados profesionales, miembros del Batallón Francisco de Paula Santander de la II División del Ejército, parecieron no darse cuenta que Porras era zurdo, y pusieron el arma en su mano derecha.
Según la Fiscalía de Colombia, éstos militares que se encuentran bajo investigación por ejecuciones extrajudiciales han incurrido en el delito de tráfico humano al organizarse para buscar a jóvenes que luego mataron y mostraron como guerrilleros abatidos en combate.


El senador opositor Juan Manuel Galán, que ha promovido en el Congreso varios debates sobre los falsos positivos, detalló que los casos de ejecuciones de ese tipo pueden sumar entre mil 500 y 2 mil en la última década.
Sin embargo el presidente de Colombia, Álvaro Uribe resguarda la idea de que el Estado debe defender a los militares y policías que son llevados a los tribunales para contrarrestar la acción de organizaciones no gubernamentales del exterior, que según el mandatario pagan a abogados colombianos para que hagan falsas acusaciones de violaciones de los derechos humanos en el país.

De todas formas, esta conducta está motivada por la presión que Uribe ejerce sobre su ejército para que muestre resultados positivos en la lucha antiguerrillera. Según admitió entonces el propio gobierno, los oficiales implicados se habrían aliado con bandas del narcotráfico para ejecutar los crímenes.
Un poco de historia



Belén Bordón

El costado más oscuro







Los noticieros de televisión, siendo una de las principales fuentes de información, sólo prestan atención a los cortes de rutas, generando así un enfoque limitado de la acción piquetera y, por ende, la mayoría de los televidentes limitan su opinión sobre los movimientos piqueteros a lo que ven en dichos noticieros.




Hay algunos grupos piqueteros que acaparan ­gran parte de la atención, ya sea por su fuerte poder de convocatoria o por su poder político, logrando mayor popularidad que otros, como el MIJD, la CCC, el MTD-Evita, etc. –que actúan en conjunto negociando subsidios y planes–, generalmente nombrados por sus máximos representantes (tales los casos de Luis D´Elía y Raúl Castells).

El conocimiento que la gente tiene sobre las bases y principios de éstos y los demás grupos piqueteros se ve limitado a lo que se muestra en pantalla, que generalmente consiste en noticias sobre cortes de ruta y puentes para reclamar al Gobierno la entrega de planes de asistencia social. Es por eso que socialmente se tiene una opinión negativa sobre el método utilizado para llevar a cabo los reclamos.


Si le preguntamos a cualquier persona con qué imagen asocia un reclamo piquetero, seguramente nos responderá “neumáticos quemados”, “hombres con palos” o, en un caso más extremo, “salvajes que no me dejan ir a trabajar”. Son pocos los que dirán “personas con hambre”, “excluidos del sistema que se agrupan para reclamar trabajo”, o –por qué no–, “padres y jóvenes desesperados a los que nadie escucha”.





Por otra parte, cuando se habla de influencia de los noticieros en estos grupos, la mayoría opina en que ésta es positiva para los manifestantes piqueteros, dándoles mayor poder de acción.
El manejo de los movimientos piqueteros que están realizando los medios no es para nada casual; este fenómeno es una expresión del cambio profundo del sector social en la Argentina, las condiciones socioeconómicas son la causa principal del fenómeno, y justamente los grupos económicos son quienes tienen intereses en juego, además de poder e influencia en los medios.

Con la manipulación de este tipo de noticias aseguran sus posicionamientos, aseguran que aquel que reclama por un Plan Jefas y Jefes –ya sea cortando una ruta o una sesión de senadores y diputados–, sea “un vago que no quiere trabajar”.


Les sirve este manipuleo de la información, para que la clase media se sienta “víctima” de estos “vagos” que no los dejan ir a trabajar, que son los “culpables” de todos sus contratiempos, que “ellos” son distintos de “nosotros”, y “nosotros” somos los perjudicados por “ellos”. Parece raro e insólito recordar que hace tan poco tiempo estaban unidos gritando “que se vayan todos.





La mayoría de los habitantes de la Capital Federal no conoce los reclamos de estos movimientos, no se conocen tampoco las actividades de los grupos independientes, ni siquiera sospechan que lo que se reclama en el Ministerio de Trabajo es la obtención de planes sociales, o en el Ministerio del Interior bolsones de comida para combatir el hambre de miles de personas. Menos aún sobre los emprendimientos productivos que organizan grupos autónomos para lograr una limitada economía de subsistencia.

Tampoco entienden que el “poder de acción que los medios les otorgan al darle pantalla”, les sirve para contar con el apoyo del Estado en proyectos de mayor envergadura, por ejemplo la realización de obras públicas.


No desconozco que en un fenómeno tan amplio como el de los piqueteros existan malintencionados, que procuran movilizar, hacer política y buscar beneficios propios –es sabido que cotidianamente se realizan actos de clientelismo política en todos los estratos sociales–, pero no por eso debemos dejar de mirar el costado más oscuro, que no son los cortes de ruta ni los reclamos con intenciones políticas, sino el hambre de miles de excluidos que se reúnen con la esperanza de lograr 250 pesos mensuales.


El problema no es el método del reclamo, sino el porqué del mismo. Tenemos que limar nuestra capacidad de interpretación y no ver sólo aquello que nos muestran, sino un poco más allá. Ese sería un buen comienzo.

César Fiscina

domingo, 10 de mayo de 2009

Cuestión de método

Latinoamérica y el mundo entero han sufrido las consecuencias devastadoras de la expansión ideológica de determinadas concepciones totalitarias a lo largo de la historia. En épocas coloniales, la expansión de la religión cristiana y cultura occidental arrasaron literalmente el mundo indígena americano.

Luego de la revolución industrial, las tendencias que orientaron el desarrollo social se vinculaban a la idea de modernidad. La definición incluía la afirmación universal de que el progreso económico producía indefectiblemente democracia política. Esta fórmula (ecuación optimista de Seymour Lipset), fue aceptada en gran parte del mundo y adoptada como cierta. La ideología no era inocente, ya que como condición para el desarrollo político era necesario la adopción de criterios e instituciones de mercado, con sus correspondientes actores y agentes de poder incluidos: las empresas y el capital extranjero.

Para el caso de Argentina y Brasil, países desarrollados económicamente que vivieron dictaduras en los 70 y 80, la teoría de Lipset argumentaba que la situación “anormal” se debía a cuestiones que tenían que ver con la idiosincrasia de los pueblos. Es decir, si esos factores no existieran, la hipótesis se cumpliría.

El enfoque de la modernidad utiliza para establecer enunciados generales una técnica denominada “estudio cuantitativo”, que toma muchas variables –en este caso países- para llegar a conclusiones de carácter universal. Esta forma de análisis intenta imitar al método experimental de las ciencias naturales o duras, pero ha demostrado ser inadecuada en varias oportunidades para las ciencias sociales. La mayoría de los estudios que existen y sobre los que se basan políticas públicas son de carácter cuantitativo. Los papers que llegan a los parlamentos de toda Latinoamérica tienen como referencia esta clase de teorías.

El politólogo argentino Guillermo O`donnell fue el responsable de utilizar otro método de estudio, el cualitativo, para refutar la hipótesis optimista de Lipset en Latinoamérica: utilizó un análisis profundo e histórico comparativo de los países de la región y concluyó que el desarrollo económico trae pluralización política (más actores), pero no democracia política. Ningún procedimiento es mejor ni peor que otro, a veces, uno puede ser más adecuado y generar mayor material explicativo, como en este caso.

Es valioso el aporte, ya que corrige los conceptos imperantes y demuestra el poder que tiene algo tan simple como una idea para producir, condicionar y direccionar la acción. El ejemplo es ilustrativo para el presente, ya que pensamientos similares a la ecuación de Lipset se erigen como guías sin que nadie los examine. O sin que nadie pueda criticarlos.


Navarro Adrían